No existe oficio que más ennoblezca el alma que el ser bombero. Luchar contra indomables lenguas de fuego, arriesgar incluso la vida en el intento de aplacarlas y la satisfacción del deber cumplido cuando un incendio ha sido extinguido, son pasajes que llenan nuestro espíritu y alimentan día a día nuestra razón de ser. Así nacimos, crecimos y moriremos, apegados a las más altruistas causas y colmados de valentía por nuestra ciudad.

El Benemérito Cuerpo de Bomberos de Guayaquil, se identifica con la tierra que los acogió en su regazo y a la que hemos protegido por casi dos siglos con abnegación y disciplina. El legado de los legionarios de la Casaca Roja a lo largo de la historia y la entrega desinteresada por ayudar al prójimo; el aplomo, la voluntad y el coraje, hacen de nuestros equipos de combate, verdaderos escudos e impenetrables corazas ante las llamas.

Somos una institución que camina a pasos agigantados de la mano con la tecnología y modernidad, pero llevamos en nuestro espíritu la mística y tradiciones que han hecho del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Guayaquil un emblema histórico de la ciudad. Sabemos que el fuego nació antes que el  hombre pero también tenemos la certeza que es la misma mano del hombre la que puede detener su sed de devastación. Y para eso nos preparamos, con convicción, profesionalismo y equipamiento.

Llevamos una legendaria tradición de amor por la ciudad y el país. Somos el Cuerpo de Bomberos más antiguo del Ecuador y de América Latina. Hoy la historia pone en nuestros hombros el reto de continuar una obra de honor y virtudes, una herencia de compromiso y fidelidad, un invaluable tesoro de esfuerzo y sacrificio.

Hemos compartido ya 188 años junto a la ciudad, que nos recuerdan que estamos para ayudar sin esperar recompensa, y sobre todo, que son garantía que Guayaquil tiene guardianes que no descansan y que estarán con la ayuda de Dios muchos años más, atentos a auxiliarlos cuando más lo necesiten.

Coronel Martín Cucalón de Ycaza

Primer Jefe 2007-2026